A mediados del siglo XVIII, el maestre de campo don José Fernando de Mier y Guerra, bajo su carácter oficial de pacificador (aniquilador) de los chimilas, optó como estrategia de sometimiento el fundar un pueblo en el centro de cada asentamiento de estos aborígenes; fue así como fundó, además de innumerables poblaciones en todo el Valle, a San Sebastián de Rábago, hoy Nabusímake, por considerarlo el centro del hábitat chimila de la Sierra Nevada.
En el siglo XIX hubo en la Sierra Nevada tres agentes de aculturación: las misiones que edificaron capillas y enseñaron la religión católica; los colonos criollos que se establecieron en varias regiones -San Sebastián entre ellas-, y los refugiados políticos, que como prófugos o colonizadores fueron a vivir a esta zona.
Los españoles bautizaron San Sebastián de Rábago en 1750, cuando llegaron a evangelizar a las tribus aborígenes.
El territorio tradicional del pueblo arhuaco llegaba mucho más abajo que los límites actuales del resguardo y del poblamiento arhuaco, hasta la llamada línea negra imaginaria, que encierra varios de los sitios sagrados a los cuales siguen acudiendo los indígenas a hacer sus ofrendas o pagamentos.
Aunque el poblamiento cotidiano es disperso, en los poblados se efectúan reuniones y ceremonias. El principal de ellos, Nabusímake, tiene un significado especial para los Arhuacos; está compuesto por unas cincuenta casas cuadradas y los templos circulares o Kankuruas de los hombres y de las mujeres.





























